Por muchos momentos he pensado que estar listo para iniciar algo es muy fácil, pero ultimamente me he dado cuenta lo difícil que es, la gente no prevee lo que podría suceder y es ahí cuando uno llega a tener los peores trancazos en la vida.
Recientemente me he dedicado a aprender de la gente, me dan ganas de ponerme frente a ellos y decirles todo lo que una decisión conlleva; aunque en muchas otras ocasiones me gusta ver lo que sucede para así tener esa variable en la toma de decisiones propias.
Es verdad, no en todos los casos sucede lo mismo, al final hay muchos factores que están involucrados y que por más que querramos estar al pendiente de todos, no es posible.
Recuerdo aquella vez que me dijeron que no podía comenzar a tocar un instrumento porque no tenía el conocimiento, no tenían razón y aún así intentaron que no sucediera, lo bueno de eso es que con tantos años de experiencia lírica logré demostrarles que el error era suyo y que cuando uno tiene ganas de hacer las cosas, las hace.
La experiencia es importante para poder hacer bien las cosas, es cuestión de tiempo para que uno sepa como llevar a cabo la toma de decisiones y más porque pueden cambiar el rumbo de nuestras vidas; no se trata de intentar, me queda claro que las cosas se deben hacer, no importa cual sea el resultado, ya que al final uno se queda con la satisfacción de haberlo hecho y no vivirá preguntándose ¿Por qué no lo hice?